Mochilas Wayuu

La historia que dio origen a la mochila wayuú

Fuente: Revista Semana Link: https://www.semana.com/la-historia-que-dio-origen-a-la-mochila-wayuu/1855/

Las mochilas elaboradas en la Guajira figuran entre los suvenires más representativos de Colombia. Cada forma tejida da un significado a estas artesanías que brindan sustento a decenas de mujeres wayuu.

En medio del desierto de La Guajira, un pastor wayuu caminaba con su rebaño de ovejas cuando vio a una joven poco agraciada y vestida con harapos. Él no dudó en brindarle protección, la llevó a vivir a su casa. La joven respondía al nombre de Waleker. 

Todos los días, al empezar la mañana, ella sorprendía al pastor con un obsequio; un cinturón, una mochila, un chinchorro; todos con variados diseños y tejidos con hijos multicolores. El hombre desconocía cómo hacía ella para proporcionarle tantos regalos. Una noche decidió seguirla y descubrió que, al esconderse el sol, Waleker se convertía en una doncella de cuya boca salían hilos de hermosos colores, que luego  tejía con gran destreza hasta crear las obras de arte que le ofrendaba. 

Al sentirse descubierta la joven escapó y, convertida en araña, se escondió detrás de la vegetación de Macuira, en el hoy parque nacional de La Guajira. Pero todos sus tejidos quedaron en la casa del pastor, que invitaba a los indígenas wayuu para que vieran el arte de Waleker. Así aprendieron poco a poco, al ver los estilos y tejidos colores.

 

Esta historia es un mito que se cuenta desde hace siglos entre tejedoras wayuu, cada vez que se reúnen a compartir sus conocimientos. “Antes de que llegaran los españoles, nuestros ancestros ya sabían tejer”, dice Conchita Iguarán, maestra artesana y líder en su comunidad. 

 

Las figuras que se plasman en los tejidos forman parte del día a día. La iconografía está inspirada en la naturaleza.“Todo lo que en medio de nuestro entorno tuviera una figura geométrica servía de inspiración para crear nuevos diseños: las tripas de la vaca, la nariz de toro, la vulva de la burra, el ojo del pescado e incluso la cabeza de la mosca”, describe Iguarán, sentada en una mecedora mientras cruza hilos entre sus dedos para convertirlos en una sola pieza.

Todos los días, al empezar la mañana, ella sorprendía al pastor con un obsequio; un cinturón, una mochila, un chinchorro; todos con variados diseños y tejidos con hijos multicolores. El hombre desconocía cómo hacía ella para proporcionarle tantos regalos. Una noche decidió seguirla y descubrió que, al esconderse el sol, Waleker se convertía en una doncella de cuya boca salían hilos de hermosos colores, que luego  tejía con gran destreza hasta crear las obras de arte que le ofrendaba. 

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